viernes, 1 de mayo de 2020

Yegua en la tundra

Mi yegua palpita cansina
echada sobre su pena imparable
pues su pezuña no pare verso alguno
y la acaricio con la docilidad de las mías
con el sueño
de surcar nuestras lagunas en submarino.
Le ha confesado amor al macho
herido de indecisión
y su genio le ha abandonado.
Ahora, una jaula de porcelana
recorriendo la tundra tranquila
es el viaje de
neblina y hielo, como chocolate espeso
en una taza fría
¿Qué penas en medio de ataques de risa
relinchadora trovará la yegua cuando
sus crines brillen como el glitter de las
niñas bienamadas?
Quizás un manifiesto hecho monumento
en el centro del gris concreto
enseñando la oscura cueva de su sexo
o una taza de verdadero café
con la profundidad de sus ojos 
maricones hacia el macho de sus antojos
de sus amores apolillados en jirones.

Excitación

Pon tu boca en mí
cuando atraviese el camino por ti
arremanga tus muñecas
para cosechar mis uvas
y mi cerezo en flor
que muere inflamado por ti.
Dame esa quemazón
en mis labios
que ahora es peligro
insensibilidad política
que me quita el sabor
alcalino de tu fuego.
Estoy excitado
y me faltan tus poros levantados,
no me dejes
sin probar cada relieve
de tus montes y valles
ni de la tibieza
de tu profundidad.
Estoy cansado,
me retuerzo de necesidad.

Promesas

Una imagen y un jardincito de palabras
es lo que poseo en este tránsito de otoño
cuando el rojo de las hojas sólo provoca su desmayo eterno.

Rizo distante

Ese rizo ondulado
que parecen curvas desfilando las piernas de un despeñadero
ese rizo distante
entre mil murallas de aire
que flota en el arrozal imaginario de mi verso:
Así, reflexionó con un bombo
así, sobre lo más viejo de los sentimientos
siendo un barco frío
con dientes de glaciar rozando mi rizo
los dos de frente
bebiendo un témpano de agua mineral
en medio de la neblina
sin horizonte ni calor entre mis sábanas
ausente de alguna palabra
más que una imagen erótica
con la cuál hacer un corazón nuevo
¿Será suficiente aquella imagen
para tallar un regalo para aquel
rizo sin lengua?
¡Para!...
un retraso en los tiempos
un vagón tardío que perdió el motor de su destino
dónde viene el sabor de tus axilas
así como el fango moreno de la culpa
profunda de otro corazón hecho de sal marina
ese engaño de camaleón: un café descafeinado tan tibio
y una página que aún no logró doblar.