miércoles, 29 de abril de 2020

Serofobia

Un zumbido alojado en la boca del estómago
un verso lleno de pena atravesada
una piel cubierta
llena de vergüenza cuando el deseo
se vuelve lepra.
¿Qué será cuando la yegua relinche en el cemento?
Sólo me queda la estupidez de la honestidad
que no acaricia mi mano
usadas como manto impenetrable,
una burka sobre mis ojos.


domingo, 26 de abril de 2020

Me gustaría contar historias

Me gustaría contar historias
de tormentas bajo un sauce en medio de la nada, la tierra sin nadie,
limadura de una melancolía pasajera
alumbrada de plata sobre el caminito que me lleva
a esos manteles perdidos
de migas de pan tostado y un beso enfrascado en mi memoria.

Me gustaría contar con la cartografía
de mis ríos internos, de mis deltas bajo las cuevas de mi dermis
de barro alazano como mi yegua sin potrero
que da rondas por los quilantos de mi pubis.

Me gustaría ser pasajero en los trenes
empolvado de durmientes
hasta el cruce donde las polillas aguardan el fin temeroso de sus vidas,
ahí donde aguardan rizos nuevos
para hilar el telar que cubra toda marisma
que lleve mi cuerpo a la espeleología de tu geografía subcutánea.

martes, 14 de abril de 2020

La medusa silenciosa

A veces leía
en el fondo de mi corazón de frutilla
que la nuez se vuelve matriz en el vientre.
Dividido,
consumía las sopas con desgano
y mis caderas crecían
custodiando el colgajo pálido
de los perseos futuros.

Al fondo, a la izquierda
habita mi monstruo domesticado
una yegua alada
oscura como la cocina
alma de madre recubierta de obsidiana.

Dios encontró al peluquero un martes
y el miércoles decidió hacerme hombre
mi pelo
era un militar colegiado
pero mi nervio vigilado aún me era ajeno
la fresa ahora eran dos
y del mar emergió su señor,
manos de bellota a plantar mi terciopelo.

Al fondo, a la derecha
crece mi feto ahogándose en memoria
solo yo sé que será gigante
espada dorada como el oro de mi orina
alma de padre deshojada de amor.

Las caderas ya no controlan
el glande insidioso que llamó a los perseos:
perseos pálidos
perseos indulgentes
perseos morenos
perseos de rizos
perseos sonrientes
perseos que inflamaban la fresa dividida
en sangre de vida
hasta convertirme en amuleto
en su collar de triunfos masculinos
palabra pronunciada de los labios de sus uretras orgullosas
hasta el día de mi metamorfosis.









miércoles, 8 de abril de 2020

La medusa polilla

Hay un extraño reloj con forma de cucú abortado, inmóvil y colgado por tres años en la misma pared que me recibió hace también, tres años. Marca siempre la misma hora: las 8:05, pero nunca sabré si es de la mañana o la tarde, nunca sabré si es el amanecer de un nuevo día, o el crepúsculo que me toca vivir. A veces, durante las noches, presiento reflejos de siluetas de arenas flotantes en su vidrio costroso de polvo. Quizás es una visita incúbica, un falo prosternado a la succión de mi energía, una transformación de mis cabellos en culebras bebé, que aún desconocen el potencial de su veneno de mamba negra. Quizás es la hora mortuoria de un crimen sin resolver, porque le cosieron el espíritu y solo puede interrumpir mi sueño con terror para entregar su mensaje desesperado. Finalmente, quizás, es una falta de pila que alimente sus manillas, que produzca el nuevo constante de su tic-tac palideciendo frente a la creación no creada, sin dioses ni hombres, solo esta colería indefinible que se metamorfosea como mariposa nocturna para enemistarse con los hombres, en sus sueños donde siempre tienen miedo.

El reloj se movió un segundo, pero sin cuervo, a la postre, es un sueño en el mundo donde nadie está despierto.