jueves, 30 de enero de 2020

Padre

Padre...

Cuando vi tu tumba

Lloré

Bailé

Eyaculé

Así como te gustaba.

Treizeci și trei de versuri

A veces,
siento que va a temblar
y mi oído vibra 
hasta ennegrecer parte de mi vista
Ahí, salta un recuerdo
de cachorros muriendo
bajo mi mano infantil.
¿Moriré también así?
¿En un cuadrado
sin alas
volando en las aguas
del hielo?
Mi mano sostiene 
a Walt, página 99
" Derruida, sin cercos y pisoteada por la guerra. Eso es Virginia"
También soy Virginia
en estado de mudez
para otro recuerdo
de manos en abuso
sobre mi pequeño sexo
¿Se irá alguna vez?
¿En una bolsa 
ensangrentada de 
cachorros desencajados?
Mi oído telúrico
ya no estremece
antes que la comezón
de los segundos
alcance medianoche.
Walt, página 220
" Estoy sentado al borde de un estanque. Todo es quietud"
y las ollas
han hervido mi esperanza.

Pelo carbón

Tu pelo carbón
escoltando tu cuerpo
desnudo
que mi ojo
no ha visto
es una escama
de tentación
creciendo en mi perineo.

Gatos guarecidos

Cuando llueve en la capital
las gentes se convierten en gatos
guarecidos bajo el techo
que les imponga el destino,

el Estado o ellos mismos.
Llenan las hormiguitas
cubículos amarillo manchado
para calmar el ardor

de los vacíos sin caricia
y los baños se atormentan
con los cazadores de culebras
que van y vienen

buscando el tótem perfecto
para adorar con la boca.
Afuera llueve y llueve
con el afán de empañar cristales

y rascar las calles hasta vencer
Lluvia militante que no claudica
ni con parkas, ni impermeables.
Acá, su sonido es seco

áspero al lijar el concreto
pero moja como en los hielos
la pretina de mis calzoncillos.
Mi lana, como el ayer

se humedece sin sudores
de los amantes próximos
solo del agua que desespera
al capitalino que se maravilla

de las nubes extranjeras
y supinas les parecen las vernáculas.
La calle, en la lluvia
es mía completa

y fumo como marinero
en las esquinas despobladas.
mientras otros apegan sus cuerpos
de laguna y juncos

a conversar de lo humano
a olerse el humedal
en paralelepípedos niquelados.

jueves, 23 de enero de 2020

Repartamos por la mitad

En papel blanco
escribo una carta
para entregarla en tus manos
y no mirar atrás.

La carta dice:
te amo
y no te soporto,
ya no hay vuelta atrás.

Hay diez libros
repartamos por la mitad
quiero las de tapa blanca
no hay asunto detrás.

Quédate con las películas
me haré con unas nuevas
nunca me agradaron y
no quiero ya nada más.

miércoles, 22 de enero de 2020

La bufanda

La bufanda seguía colgada
como si el ayer
siguiese siendo del hoy
los colores cruzados
las motas sempiternas
que anidaron para no
abandonar la tela
azul y verde limonada.

Te levantabas el pelo
tal bosque desnutrido
brillante a cualquier luz
incluso la fría primera
mañana de primavera
que sería el retiro perfecto
de algún piojo ya jubilado.
La bufanda caía tanto

en tu cuello
como en las sillas de madera
como en el cubrecamas
donde derramaste alguna vez
los huevos revueltos con jamón
y lloraste como si la vida
ya no tuviera remedio,
pero reímos

y después hicimos el amor.
Antes, sólo follaba como
si todo fuera un tecnicismo,
pero tu bufanda envuelta en
mi cuello excitado
entregó excusa y testamento
contra mi novela de razones
para no amar en el acto.

La bufanda sigue ahí
calentándose frente a la estufa
como las manos frías
que son mías y de nadie más
donde cada yema es un vagón de
pasajeros con vidrios empañados
pero vacío como el tronco
muerto que nos auguró

el mal presentimiento.
Ahora, la bufanda está
en mi cuello más grueso
flamea al viento y
es testigo de mis manos torpes
que derraman el arroz por el
suelo encerado,
pero me río y me acuerdo

y dejo la bufanda donde
siempre estuvo colgada
donde habrá un hoy
para su respectivo mañana

martes, 21 de enero de 2020

Chupar pico

En este país, chupar el miembro de otro varón es el mayor insulto que puedes recibir. Se lo deseas a tu enemigo, el real y los imaginarios: 'anda a chupar pico'. Hoy, más que nunca, se rayan paredes completas, calles y avenidas, o cualquier superficie lisa de concreto que abunda en las ciudades. En las redes sociales, nuestros amigos, nuestras amigas, comparten sin pudor alguno el insulto, se lo dedican a Piñera y a Boric por igual. No hay clase -al parecer- ni género, no hay distinción alguna: chupar el pene es deshonroso, poco hombre, asqueroso y anti-estético, solo las putas y los maricones se dedican a tal acto -en su pensamiento privado-.

En público, nos hemos llenado de gárgaras defensoras, que nos eclipsan hasta hacer apéndice nuestro grito, nos palmotean nuestras espaldas con rudeza por esos hombres que después pedirán que le chupes el pico, porque no saben que micro tomar respecto de su sexualidad cargada de patetismo y dogma familiar. Nuestras amigas se reirán con nosotros hasta que su semilla insidiosa les haga creer en fantasmas sobre su amigo fleto, convirtiendo al evangelio cola a su pololito de turno, con la imagen más clara: "una chupá de pico".

Esa base, tan inocua para la heteronorma y sus practicantes, es un polvorín de desprecio enardecido que termina en insultos y golpes y, porque no decirlo, hasta la muerte de cualquiera que disfrute, que goce como si fuera un árbol lleno de frutas predilectas, el tomar con sus manos un pene y chuparlo
con ahínco y hasta devoción. Cuánto tiempo más se nos juzgará por sentir placer? Por dar placer? Cuánto tiempo más tendré personalmente que soportar la hipocresía de los que me rodean mientras mandan a chupar pico como insulto pero 'apoyan la causa'? Gay, go gay?

No espero mucho. Con honestidad, seguirán enviando a su enemigo a chupar pico, llenarán sus estados y sus muros de inicio con propaganda que a los 'chalecos amarillos', a Piñera, el Congreso, los fachos, etc. a hacerlo. Mientras las putas, para vivir y los colas, porque nos gusta, tendremos que seguir chupando pico, como lo más bajo del placer, como lo antinatural, como la práctica subrepticia apeada a un silencio cómplice en la sombra de una esquina, en un baño de mall o disco, en las correrías nocturnas de 30 minutos porque la casa quedó sola y es la oportunidad para hacerlo.

He mencionado el verbo 'chupar', con sus conjugaciones, 10 veces (incluida esta); 'pico/pene', otras 8 veces, pero está bien, porque de esto se trata. Así, cada vez que compartas el insulto, sea por redes sociales, sea en persona, sea en privado con tu grupo de amigos, piensa si el enemigo se merece que a que le den uno de los más excelsos placeres. También, por añadidura, piensa en tu amigo cola que por razones que nadie explica, pero acaso importa, siente atracción sexual y afectiva por personas que tienen pene -la mayoría de las veces- y es una práctica habitual de placer. No crees que merecen algo de respeto? No crees que es tiempo de sacudirte los trazos de homofobia que aún te quedan? No crees que es tiempo de sacudirte los trazos de misoginia/machismo que aún te quedan?

Dejen-me- chupar pico tranquilo.

PD: Confieso mi amor a las prostitutas, a las que llamo 'putas' porque no temen llamarse así y porque ese vocablo, eriza los pelos a demasiadas personas y eso me causa gracia, más aún en este sistema capitalista que las deja últimas, cuando alguna vez, fueron primeras.

La guerra II

Viene la madre de las guerras
la Lilith encarnada en sus ejércitas
amazonas capadoras
que te rostizarán las bolas, varoncito
Las vulvas no son ya
plantación de rosales
poesía de trasnoche de los tíos
llenos de semen contenido.
Viene la guerra entre mujeres
y hombres,
pero ganarán ellas pues su odio es mayor.
Ojalá me perdonen la vida
por mi colitud en evidencia
antes de nuestro dominio final.

domingo, 19 de enero de 2020

Limones exprimidos

Mi interior vive
con un hervidero de agua
que se calienta en nudos
y las palabras como géiseres
brotan sin saber que contienen
A veces, sueño
que me desnudo en un cubículo
de limones exprimidos
porque quiero oler a limón y a tomate
como en verano al mediodía
a imágenes del viejo televisor a color
adquirido en 1978
cuando no había visto la embriagante luz
en la tierra
de Gorbachov dejando atrás la Unión Soviética
o el volcán Hudson eructando fumarolas
el fin de la historia y la explosión de mi alma
con la voz de madre
cortando el aire con un instrumento que desconocía
adolescente supe
que era la guillotina de la tristeza
tajando el papel de su biografía
y yo, el muñón de tinta china
suave y fresca como una brisa de seda
de pié, para rememorarla.

sábado, 18 de enero de 2020

Anne Carson

Cuando leí a Anne Carson
el tránsito por los poemas
y donde anidar se acababa;
había encontrado el punto:
ella es mi poeta favorita
la intelectual de palabra exquisita
masticación sencilla
que me hizo leer y releer
como si probara recetas y recetas de lasaña.
La acompaño con Max Richter
y pienso que ambos hablan
para engrandecer mi vanidad
detrás de mi librero
que me otorga la sombra
para escribir en su regazo seguro.
A veces, pienso en cascadas
como la que se derrama en mi paladar
porque deseo llorar desde ayer
o anteayer
porque amo y no lo digo
porque se ha hecho parte de lo cotidiano.
Leo a Anne Carson y como un pastelito
parece que se aproxima otra guerra
no me parezco en nada a ella.
Ahora ya son tres cascadas y el sonido de riachuelos
rodeando las rocas.

El arte de tejer para nada más que irse

Como si fuera un ente
tejedor de paciencia
hilvané la red hasta mi oído
desenredé los hilos
para zurcir tu cubrecamas
cuando dormías en la tristeza cansina
tejí y tejí hasta asociarme con las arañas
comerciando mi odio hacia ellas
para hacer mis manos
artesanas de pericia
convertidas en ovillos abigarrados
un telar protector
para ti
cuando caminabas en la tristeza cansina.

Me propuse hacer un globo
para invitarte a volar
para que el viento te adoptara
para verte arrugar
con el cincel del aire
que sopla patas de gallo
hacia la quebrada profunda y marciana de tus ojos
pero lo tuyo
era la tristeza cansina
un pétalo seco en tu mano diestra
un desdén
que hizo durmiente tras durmiente
hasta el fondo de tu mar
donde se oxida aquel tren abortado
que juró recorrer los continentes
por otro pétalo en tu mano.

Los hilos decoloraron
hasta hacerse invisibles
mientras la loza de porcelana
caía de todas las despensas
que mi mundo podía abarcar
roto el afán hecho tejido
al sonido de platos
con muesca de burla
arribaron las polillas cubriendo
mi noche
susurrando tormentas para elevar el globo
mientras tus ojos negros
miraban mi partida
como si un recuerdo se arrancará
de la hojas de la vida.

Le regalé una polilla
a tu mano izquierda
para que cuando sus gusanos
devoren haciendo hoyuelos en toda tu vestimenta
no me recuerdes nunca
mas que alguna vez alguien
zurció y tejió vida
y ya no la tienes más
porque tus semillas las patentaste a un pétalo seco
que nunca quiso estar en tu mano. Jamás.



miércoles, 15 de enero de 2020

La valentía de dialogar

Ahí viene la paria junta, hecha cuerpo sudoroso, piel de candela fría que desafía la vocación chilena de crear realidades falsas hasta convencerse de la mentira, esa llena de piedad de clase dominante, para la clase dominante: megalómana, chabacana, fallida de endogamias y follones sin condón por el culo detrás del arbusto pecador de la hacienda familiar. Venga a decir el Cristo: niégate a ti mismo, toma tu cruz y sígueme. Venga a decir los grupos ricachones: te hago la transferencia para que me perdones el haber manoseado a mi prima de corte Larraín, por intermedio del ejército de Karadimas, con sus campanarios diminutos erectos que tanto nos place encubrir.

Ahí viene el cuerpo junto, organismo que se rige por las normas de la vida que pelea la muerte como devenir al final del día: las putas, las travas, trans de todo órgano y expresión, las colas chupapicos, las comehoyos. Ahí vienen todas las niñas y mujeres que sus vulvas fueron rajadas, sus cuerpos empalados, mutilados, cercenados y desollados, tirados al borde de un canal o al fondo de un zanjón,
junto con los niños olvidados bajo la custodia de su violador. Ahí viene el ramillete de obreros acompañados de las promesas rotas que juró la retórica de las vanguardias que los despreciaban por su condición de masa necesitada de conducción, los habitantes invisibles de los sidarios fuera del margen aséptico e insípido de la sociedad neoliberal, las y los viejos abandonados en la violencia de la desmemoria y la rotura de corazón porque no hay familia que los quiera un poquito con las manos, en una caricia en la cara surcada de pena. Viene el ejército de la locura, más feliz que nunca, porque son libres de las ataduras del asilo que los desencaja con la química nefasta que combate la vida hasta el último aliento, las personas -que estorban a los bípedos sensibles- con sus sillas de ruedas, o las que no ven, no oyen o no hablan con los órganos que hemos dicho, no corresponde, pero son versátiles en utilizar la parte del cuerpo que se les antoje para comunicar.

Ahí vienen, al final, la que habla mal, el que le patina la 'cehache',  la de dientes chuecos, el que le huele el sobaco o la raja, o porque no ambos, qué más da, ahí vienen con la valentía de dialogar depositada en la vanguardia, que está vacía, sólo con carros empujados por este cuerpo hecho uno, lleno de explosivos para detonar, porque la poesía es fuego que seduce otros fuegos que queman, pero es también mensaje. Entonces ¿quién se atreverá a decir que no hay disposición? o mejor aún ¿la valentía de dialogar?


La ansiedad en verano

A veces, la ansiedad viene como una telaraña de plástico reforzado a apretar el pecho, como si algo quisiera emerger de unas aguas turbulentas. El refrigerador parece ser un destino casi obligado, el saqueo de lo comestible para taponear lo indecible, para alimentar quizás, el monstruo abigarrado - pues sí, posee una mezcla de colores sin estilo representados en emociones altibajas- pero que logra reemplazar fumando cigarrillos. Fuma uno tras otro como si algo se fuera a acabar, pensando en que puede salir con un grito ronco, lleno de volumen, siempre después de una sonrisa imperceptiblemente nerviosa. Pero así como llega, así cesan sus palpitaciones y se esfuma, la cordura viene nuevamente a la cabeza y piensa - realmente no hay nada urgente que hacer-. 

Mira por su ventana y ve el verano en su esplendor, con mariposas revoloteando su locura alegre y los abejorros posándose sobre la lavanda que está junto a la entrada principal, cual dirigibles conquistando el alimento y el perfume para la mejor de las subsistencias.

La alegoría de la espera


Así decía Borges,
en su argentino parlar
como si un grito atropellado por el tráfico
quedará en medio de la 9 de julio
para la curiosidad del todo:

"... la amistad no necesita frecuencia.
El amor sí.
Pero la amistad
-sobre todo la de hermanos-
no.
Puede prescindir de la frecuencia
-o frecuentación-
En cambio el amor, no
(...) está lleno de ansiedades,
de dudas,
un día de ausencia puede ser terrible.
(...) la amistad puede prescindir
de la confidencia.
El amor: no
si no hay confidencia
uno lo siente como una traición." (1980)

Quizás,
podrían emerger lágrimas previas
como si la sinuosidad de su forma
uniera todos los hilos invisibles
sueltos porque se ha vivido joven
pero los vientos son viejos:
brisa de espera
que nos separa
que nos infrecuenta
que nos ausenta
de explotar de alegrías
como si el llanto fuera a derramarse en el paladar
una caldera de agua hervida
que derrama versos
                               Pessoa así decía :   con pañuelo blanco digo adiós
                                                               a mis versos, que viajan hacia la humanidad.
                                                               Y no estoy alegre, ni triste
                                                               Ése es el destino de los versos. [sic]
tampoco lo estoy
pero el verso me quema
antes que la humanidad comprimida
en colador dorado
que se transformó en vicio
ante el miedo de la lengua, ante el tedio de la frivolidad
Así,
no hay amor ni amistad
solo un campo gris que falta por nombrar
donde los pianos se oyen
a los oídos del náufrago
que ha encontrado la confidencia
en sus versos dibujados
en los ojos de aquel dorado colador
persona - en mi timidez de nombrar-
semejante al canelo
en medio de la pradera
cuando la luna enseña
la última muesca de plata
antes de resucitar.

La alegoría de la espera.

Avión sin destino

Cuando emerjo
como astro lejano
del algodón de tus sábanas
una mañana cualquiera
con tu pelo
hecho de mala espátula
contemplo tu pene
así como observo el mío
en comunión pasada
asombrados en la ternura
de un arma del terror.

ahora tu glande y el mío
se aloja en nuestro pecho
porque desbocamos
corazones y rabias añejas
que soplan de abajo
hasta el suelo de barro
tal avión sin destino
más que nuestros nombres
arrimados entre los dientes.

El fin del alejamiento

La pequeñez de tus manos
la dirección de su voluntad
contra las corrientes de la brisa
o de los ventiladores
cuando la superficie se acalora
parece llevar hacia un campo
sin habitantes
que aguardan su agenda
para verte
sin cordel de palabras
desafiando el aire.
Eres ático que
almacena lo sobrante
en su entretecho
y el polvo hecho costra
para proteger nuestras
historias escasas de almuerzos.
Aún así, la oportunidad
de nuestras manos
las mías, doradas de torpeza
las tuyas, una sosteniendo la cuchara
que alimenta tu estómago
la otra, buscando algún
placer en tu cuerpo
forman las sonrisas
que llevamos por el camino
hasta el nuevo aviso:
el fin del alejamiento.

Entre la fractura y la sentencia

En la fractura urbana
que recorren mis piernas
aún veo la plata gastada
de la luna
disfrazada en humo mortuario
venido de la Australia
con una bufanda
fuera de estación:
es el caucho ardiente
que sentencia al fusil
el sistema
que hace olvido
del sonido del cauce
de los riachuelos
el pelo brillante
de luz o la huella
que es cordón de luces
como pepitas navideñas
de todo el camino
iluminado por quienes
ya se fueron del suelo
tan lleno de superficie.

Esquinas manchadas

Las esquinas manchadas
del espejo
reflejan la suciedad
nublada del mar que poseo
que hace espuma
mentolada de la pasta dental
y la guerra sin tregua
a mis encías
donde mi sangre surca
el viaje a lo rechazado
donde no hay pelo,
jabón o piel muerta
que convenza
al espíritu buceador
de las fosas del desecho
para inmolarse
como destino sin retorno
la muerte misma
abrazándola con el devenir
ya completo
y sin iras cuajadas de orgullo.

Ahí es donde iremos
cuando nos toque el cajón
o el fuego que nos merezcamos.

Vaga secuencia de soledad

La noche sopla el día
hasta escuchar sus tacones
largos como los témpanos
en inviernos traslúcidos
donde el viento
es un organillo que canta
a los brotes verdes del cerezo
y cuando la noche
se cansa de su exceso de presencia
viene el vaho de nuestros alientos
entre gorritos de lana
y mitones para esconder el azul
de nuestras manos heladas
escarbadoras del fuego
en la nieve maculada de tierra.
Y ahí gritamos ¡Hay vida!
pero es mi voz eco de respuesta
que reverbera en telarañas blancas
con Candy, la gata casera
y el gusanito vivo en mis manos
como testigos silenciosos
de la soledad del niño
vestida de estación.

Ya viene la noche
con sus tacones
para hacer crujir el tejado de zinc.

domingo, 5 de enero de 2020

La guerra

Si comienza la guerra
solo añoro que tus manos
expectantes al vacío
no dejen de rozar
con torpeza
mi pálida piel
que es el miedo
a perderte
en el túnel certero
de la incertidumbre
donde la adicción
a la jeringa de recuerdos
nos hará llorar
por el aire de nuestra memoria
inalcanzable.

Lectura obligada

A veces, uno lee
por el encanto que produce amar
es la emulación del otro
ser los ojos
o una sonrisa sacada
detrás una cortina de tristeza
juntar las letras que él junta
masturbar el pensamiento
como un trencito mecánico
directo al vacío
que parece mar surcado
de submarinos comandados
por el mismísimo Nemo
donde se juntan en comunión
los monstruos mansos
que temen el día
pero caminan las habitaciones
en la noche
con las polillas petrificadas
atentas a la lectura
obligada con gusto a albahaca
de la cena recién disfrutada.

A veces, uno lee
por el desespero que produce amar.

Recuerdo del pelo autónomo

La forma en que tu pelo
se levanta en las mañanas
es como un almuerzo
de fuertes sentimientos
tallarines integrales
recién escurridos
delicadamente aceitados:
Y aunque no pueda
devorarme tu cabello
Puedo besarlo
como lo hago con tu piel
del color del canelo.