lunes, 23 de marzo de 2020

Piel de árbol

Las confesiones tardías
que esperan en la comisura de tu boca
suelen alimentar los granos de un aguardar retórico
Un frasco transparente
un almacén hondo como las despensas en la infancia
brisa colada de ventanas abiertas
ojos rasos de un pescado muerto que no enfila destino alguno.

No cabría decir si el verso venturado
arriba a ese destino pensado como la antigua bufanda
envuelve en calor tu cuello escondido.
Acaso es un alfiler que se deja engullir por la viscosa materia gris
que aloja tu manantial de tinta azul donde humedezco mi pluma
Un mimbre entrelazado en las coronas de la risa y la pena
una ironía como palta molida con tezón para alegrar las fauces en hora vespertina.

Piel de árbol
marrón y poco curtida
nadie sabe la hora de tu risa
la destellada traza de mojada insignia
rodeada de un bosquecito barbón que enseña credencial de varón sexuado
almacén de tarros leguminosos, avenas y harina
de hambre de tallarines aún no descubiertos que solo dejan signos interrogatorios,
de tanto más que me llevaría una vida.

Quizás, la gracia es ser cascada y corriente
dejar crecer el cabello hasta ser crin de caballo
moler menos las onces que gritan abortar y solo morder
una manzana, una pera, un órgano corporal o los labios cuando la protesta de la comisura
sea un grito de "auxilio, ayúdame."
gorgorito de pajarillos, un piar que es sordo a los mitos
menos a mí, que soy novela inacabable.

Ríe como los copos de nieve ausentes
glaciar roto hacia un mar que desnuda la roca cicatrizada.

Ríe, solo ríe.


domingo, 8 de marzo de 2020

Bordado de piel

La verdad cae en la hoja otoñal
hecho añicos entre tus manos.
Detrás de la corteza viva
está la carne húmeda de la herida,
y me duele
tanto como a ti
el cuchillo que porta mi lengua.
Mi paladar esta descuerado
hasta el tumor de yegua
que muere y vive en mis amígdalas,
y me daña
tanto como a ti
la cebolla llorona que moja los ojos.
Si tan solo hubiese escrito,
sería una hoja que corta los dedos,
furiosa marcando galope en el polvo.
Pero mordí la pulpa del corazón
y te dolió
y mi esófago reverberó de pena
desde el abismo de mi propio silencio,
mis pezuñas marcaron tu espalda
reflejando la cartografía de mi intimidad
la forma de un estropajo en tus sueños
Basura y fealdad
en etiquetas de neón sobre tu frente,
la palabra insultada bajo tu lengua,
nitroglicerina para bombear
el músculo de tu tristeza personal.
Mientras me cosí con crines de yegua
bordados de piel tuya 
sacadas de recuerdos catalogados
a estas entrañas mías de mierda
porque hay absoluta pena
ver una y otra vez tu cara tan triste
porque yo estuve cerca.

La verdad es tan sencilla
como la madera fresca
de un árbol que bota savia.
La verdad es que...