viernes, 24 de julio de 2020

Palabras sin luz

(Estimado Gustavo: Quizás eres un archivero de palabras no publicadas, y mi sentida disculpa si te arrastro egoístamente a un rol que no has solicitado. Alguien dijo que "resulta más concreto leer tus relatos, versos, prosas que preguntar cómo te sientes". Quizás -mi relativa palabra de muletilla- sea cierto.

'Con urgencia te nombro' rayaba un escritor en un autógrafo antes de morir, pero aún no muero y no moriré, pero la urgencia me hace nombrarte, con vida aún por delante.

No me malinterpretes, aunque te veas tentado de hacerlo.

No leas, si no hay deseo.)














-la próxima vez, contaré algo cómico-
A.














- en los escondites bolcheviques inexistentes al conocimiento de las personas, guardo mis crónicas donde confieso con tinta mojada, que he pasado tantas horas pintando de carmesí maraco al mejor de mis personajes, a quién conozco bien, pero temo que sea la invención de mi delirio de amor chueco-

No hay juez para esto, no tengo juez todavía, pues el concreto que caminamos es una ilusión que reemplaza la cuerda floja de la que caímos tantas veces en superficies tan duras, lesionando los huesos de nuestro espíritu, lanzados por esa pelota de fútbol que chocaba contras nuestras blanditas alas, ese símbolo de hombría, de escroto sudado como collares transparentes de primera testosterona quemada.

No hay juez para esto, no hay titulares justos para nuestro circo humilde, de este circo de lengua que no acaba nunca porque la llenura de nuestros pulmones es un pozo de alquitrán que ahogamos por costumbre, con cada suspiro nicotinoso, por cada "te amo" callado en el disimulo de nuestra laringe.

No hay juez para esto, pero escritura sobra para confesar lo que vendrá, esa limpieza ordenada en notas de prensa donde seremos el gallinero del sacrificio para los carnívoros. Somos el eslabón de la debilidad traicionera a nuestro sexo. Dirán que la sangre regada es un hecho aislado, que apenas uno o dos saldrán a la opinión pública, mientras otros agonizan con la cabeza aplastada al interior de los tachos de basura, o mueren devorados por su propio cuerpo pensando en la muerte injusta llena de pústula y dolor, llena de cáncer y dolor, llena de asfixia y dolor. No nos salvará ni el DSM IV ni el DSM V, no nos salvarán los progresistas vestidos de zarandela, no nos salvarán nuestros amigos a quienes recibimos en nuestro umbral dulce, y en nuestro lecho oloroso donde entregamos los préstamos de nuestro corazón y nos cocemos los labios para evitarles la humillación de Pedro al negar al Nazareno. Pero sí, nos negarás, pues la vida no soporta el fusil, pero si el miedo.

Y los amores, ay los amores, que no estarán a nuestro lado, pero que desearemos llegar como hilos a su pecho herido, en los sótanos con olor a meados que da poder al torturador resentido porque se les arrebató un trocito de sociedad para ser un poco felices, para ser estos fletos realmente felices a los cuales, con soltura de cuerpo nos tildan de "gays"; gays sin comunidad, gays de detergente blanqueador, gays de racismo rosa, gays de clasismo aderechado mirando la precordillera colmada de rubiedades con altura de palmeras de bulevar, gays imitadores del patriarcado que huirán fuera del país a respirar su suerte llamada riqueza. Acá, el resto, moriremos con una luma en nuestros anos, porque ser cola vestida de seda haraposa como bufanda brillante de palabra política, será sentencia de tortura, será sentencia de hematoma sobre nuestro relieve accidentado, sobre nuestra geografía chocada por asteroide en forma de bellota, antes de la muerte.

Que palabras desteñidas caídas de la higuera seca, hay en mi alma en esta noche congelada, deja vú de melancolía, una psicohistoria imaginada como la que imagino Asimov, pero masticada de pasado, masticada de Dios hecho iglesia, masticada de Estado hecho política, masticado de varones que odian lo ausente de grosera hombría.

Guarda estas palabras, archivero, así como la tinta húmeda de mi amor por aquel personaje que he creado por la inventiva de mi escritura, que si alguna vez desaparezco, lea él, que no vendrá por este cuerpo, porque el zanjón sin sepultura, estará al otro lado de la muralla aireada que nos divide la existencia, estará al otro lado de su vida.

Que negras están mis palabras, en esta oscuridad que llama a sus alimañas.

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