Las confesiones tardías
que esperan en la comisura de tu boca
suelen alimentar los granos de un aguardar retórico
Un frasco transparente
un almacén hondo como las despensas en la infancia
brisa colada de ventanas abiertas
ojos rasos de un pescado muerto que no enfila destino alguno.
No cabría decir si el verso venturado
arriba a ese destino pensado como la antigua bufanda
envuelve en calor tu cuello escondido.
Acaso es un alfiler que se deja engullir por la viscosa materia gris
que aloja tu manantial de tinta azul donde humedezco mi pluma
Un mimbre entrelazado en las coronas de la risa y la pena
una ironía como palta molida con tezón para alegrar las fauces en hora vespertina.
Piel de árbol
marrón y poco curtida
nadie sabe la hora de tu risa
la destellada traza de mojada insignia
rodeada de un bosquecito barbón que enseña credencial de varón sexuado
almacén de tarros leguminosos, avenas y harina
de hambre de tallarines aún no descubiertos que solo dejan signos interrogatorios,
de tanto más que me llevaría una vida.
Quizás, la gracia es ser cascada y corriente
dejar crecer el cabello hasta ser crin de caballo
moler menos las onces que gritan abortar y solo morder
una manzana, una pera, un órgano corporal o los labios cuando la protesta de la comisura
sea un grito de "auxilio, ayúdame."
gorgorito de pajarillos, un piar que es sordo a los mitos
menos a mí, que soy novela inacabable.
Ríe como los copos de nieve ausentes
glaciar roto hacia un mar que desnuda la roca cicatrizada.
Ríe, solo ríe.
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