La verdad cae en la hoja otoñal
hecho añicos entre tus manos.
Detrás de la corteza viva
está la carne húmeda de la herida,
y me duele
tanto como a ti
el cuchillo que porta mi lengua.
Mi paladar esta descuerado
hasta el tumor de yegua
que muere y vive en mis amígdalas,
y me daña
tanto como a ti
la cebolla llorona que moja los ojos.
Si tan solo hubiese escrito,
sería una hoja que corta los dedos,
furiosa marcando galope en el polvo.
Pero mordí la pulpa del corazón
y te dolió
y mi esófago reverberó de pena
desde el abismo de mi propio silencio,
mis pezuñas marcaron tu espalda
reflejando la cartografía de mi intimidad
la forma de un estropajo en tus sueños
Basura y fealdad
en etiquetas de neón sobre tu frente,
la palabra insultada bajo tu lengua,
nitroglicerina para bombear
el músculo de tu tristeza personal.
Mientras me cosí con crines de yegua
bordados de piel tuya
sacadas de recuerdos catalogados
a estas entrañas mías de mierda
porque hay absoluta pena
ver una y otra vez tu cara tan triste
porque yo estuve cerca.
La verdad es tan sencilla
como la madera fresca
de un árbol que bota savia.
La verdad es que...
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