Vengo a consultar
tus ojos de diccionario
para definir las palabras
de este origami sentido
que doblan mis manos,
a tatuar las imágenes
de los sueños que soñamos
y dejar guardados
mis besos bajo tus axilas
como los pimpollos
de un roble amoroso,
un redil abierto
para que pasten
las bestias que hemos
domesticado con
el silencio de nuestra compañía,
esperando la brisa correcta
y la marea tranquila
para quedarnos hasta el alba
y después toda la vida,
soplando al oído
la palabra vetada
cultivada en la hierba
entre la arboleda plañidera
unida con corchetes
de tu pulcra oficina,
en nuestra casa escrita
de tinta roja de una novela
que trata de un amor
entre el sosiego del Cielo
y la desolación del Infierno.
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