martes, 18 de febrero de 2020

Sin título

Desde este cuerpo de voz grave y útero ausente, musito que es una paradoja observar un campo de abortados, ese limbo de llantos felices por aquellas que recuperan su vida del temor a perderla, ese limbo de llantos del desgarro por ese feto añorado a llenar los últimos espacios de vacío interior. Pero hay tanto cuerpito venido a este teatro trágico a secarse entre vientos amargos, que sin importar la inspiración de las lágrimas, que sean estas las que bañen sus pequeñas nucas de emociones, de amor propio, de amor por el prójimo, que mi llanto sin matriz humecte sus tallitos dispuestos a recibir la luz del cariño que podemos proveer con nuestras bocas, manos y acciones. Que sea el campo de abortos, como una tomatera, que sea por elección o accidente, pero que las acequias de nuestro llanto, sean la vida de los girasoles que se afirman en el suelo, que brotan y brotan para alegrar esta tierra.

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