La calle es como rayas de tinta negra
infinitas, sembrada de puntos blancos
recogidos en canasta de mimbre
que aloja el gris de las historias de los abuelos
en papel de diario manchado.
Música de burgueses comida a cucharadas
por paladares vulgares que no abandonan
las fragancias de la costumbre,
la nariz pronostica el porvenir el sendero
las rejas del final, que anticipan las rejas del siguiente.
Modernas palabras que hieren ojos
sin perspectivas, elementos visibles
que los poetas llamaron hogar,
la Storni escogió el mar y la angustia
la hizo concha para no picotearla más.
La Mistral se vio en la tierra y allí cavó
su pirámide invertida donde sepultó el dolor
y caminó con diplomacia despellajada.
Era la expiación con una vulva como silicio.
Y yo, en el camino de los elementos
autoreferente semilla de vanidad
podría ser la mujer de todo hombre
el hombre de todo hombre
la nueva encarnación del Silfo olvidado
el apologista de la nueva fe
la que esta más allá de la última reja.
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