jueves, 12 de diciembre de 2019

En un sombra de ojos frente al espejo, me mamo el vodka de la botella, como sacando la leche de los hombres y de paso, con el arte de mis dedos me arrancó la piel de la geta, se me seca en la palma y me arde, me arde hasta enrojecer y me descubro, ese amor real como las mandíbulas apretando el alcohol que se corre en un gota con sangre. Negro no azabache, negro sin el humo del hidrocarburo, solo negro, negro de noche, el tono de los miedos, el tono que me invoca a resurgir al mundo en la palma de las manos, las que eyaculan a las paredes de mi blanco ladrillo, la cosa llamada hombre, república bananera que dictamino con arte de vida a cumplir con la lengua para arder uretras con el vodka de mi vida.

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