jueves, 12 de diciembre de 2019

Cartografía

Cuando extendemos el rollo, vemos la cartografía antigua de una nación ya extinta entre los valles de montículos y frondosa vegetación. La cartografía, desnuda cada punto de interés, pero a veces, nuestra falta de experiencia en la lectura hace que perdamos el paso, olvidándonos del sol, olvidándonos que el pelo siempre busca el norte, cuando nuestra cabeza se pierde en la masturbación de las opciones más convenientes. La cartografía es tornasolada cuando el ojo se nos afina y vemos el mapa del cielo, a veces, el mapa de los sueños para terminar con la cartografía esencial: el relieve de uno mismo, cincelado por cada acción, cada conducta, cada hábito y posición, un mapa para el legado o para el archivo de la Biblioteca central de una ciudad cualquiera, o en el extravío del azar, del quiebre de los destinos, donde se juntan dos personas con afinidad para la Cartografía, una ciencia de mal envejecer, pero que no deja de aplicarse, como trazamos consejos para tridimensionar el plano de una persona amada. Los mapas también hablan, con susurros, que ni las costras de polvo de otras edades pueden imitar, por sus celos de no ser los ecos de la cartografía del placer sexual, donde nuestros caminos no se encuentran, pues nos olvidamos del mar, donde tú eres el puerto y yo, el barco que debe ir a las olas, para volver algún día a mostrarte el trazado del mar, desde el batiscafo que adquirí en la feria de antigüedades, al precio de una verdad.

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