En el barítono del día
de voces roncas por el cigarrillo
y motores de camión reverberando el coro del progreso:
llega el tedio
como durmientes de tren
que marcan su ir y venir
en los recovecos sencillos del alma
cuando la noche ultraja la tierra.
Déjales pasar -la noche y el tedio-
pues están de paso como filibusteros
en busca de costa de senos adornados
de tesoros, de pan y tierra firme.
Se irán
saltando raudos las colinas
con un regadero de espíritu en sus talones,
pero marcharán lejos al norte o al sur.
Seremos más pobres pero el devenir
no requiere más que el cuerpo en uno
que pisa el camino de tierra
donde el poeta enrolla su falo
y la poeta abre la puertecita de la vida
nada más que al silencio
demuda
el porvenir
hecho futuro en palabras
que aún son sordas
al alma oscurecida.
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