La pequeñez de tus manos
la dirección de su voluntad
contra las corrientes de la brisa
o de los ventiladores
cuando la superficie se acalora
parece llevar hacia un campo
sin habitantes
que aguardan su agenda
para verte
sin cordel de palabras
desafiando el aire.
Eres ático que
almacena lo sobrante
en su entretecho
y el polvo hecho costra
para proteger nuestras
historias escasas de almuerzos.
Aún así, la oportunidad
de nuestras manos
las mías, doradas de torpeza
las tuyas, una sosteniendo la cuchara
que alimenta tu estómago
la otra, buscando algún
placer en tu cuerpo
forman las sonrisas
que llevamos por el camino
hasta el nuevo aviso:
el fin del alejamiento.
No hay comentarios:
Publicar un comentario