miércoles, 15 de enero de 2020

Vaga secuencia de soledad

La noche sopla el día
hasta escuchar sus tacones
largos como los témpanos
en inviernos traslúcidos
donde el viento
es un organillo que canta
a los brotes verdes del cerezo
y cuando la noche
se cansa de su exceso de presencia
viene el vaho de nuestros alientos
entre gorritos de lana
y mitones para esconder el azul
de nuestras manos heladas
escarbadoras del fuego
en la nieve maculada de tierra.
Y ahí gritamos ¡Hay vida!
pero es mi voz eco de respuesta
que reverbera en telarañas blancas
con Candy, la gata casera
y el gusanito vivo en mis manos
como testigos silenciosos
de la soledad del niño
vestida de estación.

Ya viene la noche
con sus tacones
para hacer crujir el tejado de zinc.

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