Como si fuera un ente
tejedor de paciencia
hilvané la red hasta mi oído
desenredé los hilos
para zurcir tu cubrecamas
cuando dormías en la tristeza cansina
tejí y tejí hasta asociarme con las arañas
comerciando mi odio hacia ellas
para hacer mis manos
artesanas de pericia
convertidas en ovillos abigarrados
un telar protector
para ti
cuando caminabas en la tristeza cansina.
Me propuse hacer un globo
para invitarte a volar
para que el viento te adoptara
para verte arrugar
con el cincel del aire
que sopla patas de gallo
hacia la quebrada profunda y marciana de tus ojos
pero lo tuyo
era la tristeza cansina
un pétalo seco en tu mano diestra
un desdén
que hizo durmiente tras durmiente
hasta el fondo de tu mar
donde se oxida aquel tren abortado
que juró recorrer los continentes
por otro pétalo en tu mano.
Los hilos decoloraron
hasta hacerse invisibles
mientras la loza de porcelana
caía de todas las despensas
que mi mundo podía abarcar
roto el afán hecho tejido
al sonido de platos
con muesca de burla
arribaron las polillas cubriendo
mi noche
susurrando tormentas para elevar el globo
mientras tus ojos negros
miraban mi partida
como si un recuerdo se arrancará
de la hojas de la vida.
Le regalé una polilla
a tu mano izquierda
para que cuando sus gusanos
devoren haciendo hoyuelos en toda tu vestimenta
no me recuerdes nunca
mas que alguna vez alguien
zurció y tejió vida
y ya no la tienes más
porque tus semillas las patentaste a un pétalo seco
que nunca quiso estar en tu mano. Jamás.
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