jueves, 30 de enero de 2020

Gatos guarecidos

Cuando llueve en la capital
las gentes se convierten en gatos
guarecidos bajo el techo
que les imponga el destino,

el Estado o ellos mismos.
Llenan las hormiguitas
cubículos amarillo manchado
para calmar el ardor

de los vacíos sin caricia
y los baños se atormentan
con los cazadores de culebras
que van y vienen

buscando el tótem perfecto
para adorar con la boca.
Afuera llueve y llueve
con el afán de empañar cristales

y rascar las calles hasta vencer
Lluvia militante que no claudica
ni con parkas, ni impermeables.
Acá, su sonido es seco

áspero al lijar el concreto
pero moja como en los hielos
la pretina de mis calzoncillos.
Mi lana, como el ayer

se humedece sin sudores
de los amantes próximos
solo del agua que desespera
al capitalino que se maravilla

de las nubes extranjeras
y supinas les parecen las vernáculas.
La calle, en la lluvia
es mía completa

y fumo como marinero
en las esquinas despobladas.
mientras otros apegan sus cuerpos
de laguna y juncos

a conversar de lo humano
a olerse el humedal
en paralelepípedos niquelados.

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