miércoles, 15 de enero de 2020

La alegoría de la espera


Así decía Borges,
en su argentino parlar
como si un grito atropellado por el tráfico
quedará en medio de la 9 de julio
para la curiosidad del todo:

"... la amistad no necesita frecuencia.
El amor sí.
Pero la amistad
-sobre todo la de hermanos-
no.
Puede prescindir de la frecuencia
-o frecuentación-
En cambio el amor, no
(...) está lleno de ansiedades,
de dudas,
un día de ausencia puede ser terrible.
(...) la amistad puede prescindir
de la confidencia.
El amor: no
si no hay confidencia
uno lo siente como una traición." (1980)

Quizás,
podrían emerger lágrimas previas
como si la sinuosidad de su forma
uniera todos los hilos invisibles
sueltos porque se ha vivido joven
pero los vientos son viejos:
brisa de espera
que nos separa
que nos infrecuenta
que nos ausenta
de explotar de alegrías
como si el llanto fuera a derramarse en el paladar
una caldera de agua hervida
que derrama versos
                               Pessoa así decía :   con pañuelo blanco digo adiós
                                                               a mis versos, que viajan hacia la humanidad.
                                                               Y no estoy alegre, ni triste
                                                               Ése es el destino de los versos. [sic]
tampoco lo estoy
pero el verso me quema
antes que la humanidad comprimida
en colador dorado
que se transformó en vicio
ante el miedo de la lengua, ante el tedio de la frivolidad
Así,
no hay amor ni amistad
solo un campo gris que falta por nombrar
donde los pianos se oyen
a los oídos del náufrago
que ha encontrado la confidencia
en sus versos dibujados
en los ojos de aquel dorado colador
persona - en mi timidez de nombrar-
semejante al canelo
en medio de la pradera
cuando la luna enseña
la última muesca de plata
antes de resucitar.

La alegoría de la espera.

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