A veces, uno lee
por el encanto que produce amar
es la emulación del otro
ser los ojos
o una sonrisa sacada
detrás una cortina de tristeza
juntar las letras que él junta
masturbar el pensamiento
como un trencito mecánico
directo al vacío
que parece mar surcado
de submarinos comandados
por el mismísimo Nemo
donde se juntan en comunión
los monstruos mansos
que temen el día
pero caminan las habitaciones
en la noche
con las polillas petrificadas
atentas a la lectura
obligada con gusto a albahaca
de la cena recién disfrutada.
A veces, uno lee
por el desespero que produce amar.
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